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No lo entiendo


Tengo la sensación de que todavía no he entendido las reglas del juego. Pienso en voz alta, no sé si estas palabras se las llevará el viento. Pero, en todo caso ¿A quién le pregunto? Como dice Jorge Drexler, todo cambia todo se trasforma y nunca cruzamos dos veces el mismo rio. Cada día tiene algo desconocido e intrigante. Los existencialistas hablan del fin ¿Quién no ha sentido que arrastraba cadenas alguna vez? Un día malo lo tiene cualquiera. Puñetero Nihilismo.

Sinceramente no me convence. Tampoco lo hacen los optimistas, me gusta que la realidad cambie y no verla de otra forma para que se vaya el gusto amargo. En el fondo no dejo pensar que al igual que los que predican la tragedia, tampoco entienden la acción o el movimiento. Además, corren el riesgo de quitarse un día las gafas y pasarse al otro extremo. Ya lo dicen los manuales, quién ha estado en un extremo y se pasa al otro al final es el que más detesta el lugar donde ha estado.

El Domingo falleció una compañera. Alguien con quién compartía el amor por las zapatillas. Seguro que tenía millones de sueños en la línea de meta y a su familia esperándola, conozco esa esperanza. Cuando pasa algo así, el entrenamiento del día siguiente no es el mismo. Corres con una tristeza que al final termina formando parte de tu armadura.

Sientes que parte de ti es la que aparece en los periódicos o en las noticias y que la vida que se ha marchado no es un mal boceto de la tuya. Que tú también caminas por una cuerda todos los días y dejas un montón de cosas pendientes, citas que te esperan y personas que te quieren. Entonces tienes que admitir, que tú también convives con la muerte. Pero también tienes que admitir que de encontrarte, prefieres que se ponga a correr un poco y le cueste alcanzarte. No seré yo quién renuncie por miedo.

Si ya es difícil que las personas que te esperan entiendan que has elegido dedicar parte de tu vida a correr, mucho más es explicarles ese día que asumes las consecuencias que pueda tener esto. Incluso, es mucho más difícil explicártelo a ti mismo y con cada zancada no puedes evitar que asome una pequeña duda.

Eres corredor, pero también eres humano. Y no un filósofo pesimista ni optimista, sólo alguien triste porque se ha marchado alguien como tú.

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