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Amargo punto y seguido

Entre Babilafuente y Salamanca terminaba la temporada y no podía haberlo hecho peor. Después de un grueso de preparación perfecto, las dos últimas semanas y un abandono en el día marcado en rojo han puesto el punto y final a una temporada en el que han salido muy pocas cosas o ninguna.
Empiezo con las cosas buenas, como corredor he crecido y he dado un paso adelante. He ganado en madurez y sobretodo en ambición; no he conseguido mejorar mi marca el día d a la hora h, pero estaba para hacerlo, tanto mental como físicamente. Además, he conseguido incluir en el plan semanas de muchos Km con algunos días de doblaje y el cuerpo los ha asimilado bien. Hasta mi paso a la maratón no voy a subir de los 120 Km semanales y eso ya sé que soy capaz de asimilarlo, haciendo km de calidad dentro de esos Km.
Otra parte positiva es que sé que aún tengo mucho margen de mejora, que aunque en mi DNI no sea ya tan joven como corredor sí lo soy. He pisado una pista de 400m para sentirme muy muy pequeño y saber que me queda realmente mucho trabajo en ella. La siguiente preparación para una media va a tener bastante más trabajo en series cortas y bastante más trabajo por arriba con rodajes más largos. También habrá un trabajo más específico de gimnasio que intentaré hacer coincidir con los días climatológicamente más duros. Porque el invierno en Salamanca…tiene tela.
El cuanto a objetivos, intentaré aproximarme lo más que pueda en los rodajes controlados a 3:40 m/km y las series de 2000 por debajo de 3:20 m/km y las de 4000 lo más cerca posible de 3:20.
Por otro lado, sé que tengo que poner cuidado, en los días que vuelva de viaje o que llegue de viaje, en gestionar la adaptación de las piernas. No tengo que olvidar que una gran preparación se ha ido al traste por: no saber gestionar la sensación de malas piernas que hay después de un día post-descanso, por haber entrenado de noche en un terreno irregular y por haber forzado al cuerpo en series un día de viento. Al final son detalles muy tontos pero que te impiden llegar.
Ahora, psicológicamente necesito un descanso. La presión durante todo el verano ha sido mucha y volver a ponerme las zapatillas en serio antes de haber desconectado realmente sé que sería después un gran lastre. No me importa empezar perder un poco más de forma con tal de volver con todas las molestias curadas. Así, empiezan quince días de indisciplina atlética y de disciplina en otros ámbitos que han estado en un segundo plano. Volveré con más ganas que nunca y espero que un poquito más sabio.
Ahora pasemos a lo menos bueno (por no decir lo peor). No he competido en serio en toda la temporada y muchas de las referencias que tengo que tomar para marcar el nivel de exigencia de la próxima preparación van a ser un poco a ciegas. Yo pienso que habría bajado tranquilamente de 1:20, pero ¿Cuánto de cerca habría estado de 1:15? ¿Me habría costado el final? ¿Habría echado en falta potencia muscular? Poder correr no solamente habría sido una recompensa merecida sino que me habría dado mucha información que ahora no tengo. Así, no me queda más remedio que contentarme con la que he recogido de los propios entrenamientos.
Emocionalmente ha sido un golpe duro, que aún no he empezado a asimilar. Las personas que más quiero han estado conmigo y han atenuado un mazazo que ahora empiezo a notar con toda su crudeza. La inversión que he hecho en recursos ha sido muy grande y los frutos inmediatos se han quedado en la carretera.

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