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Un regalo

Ayer por la noche tenía que trabajar, pero no sé como terminé en el sofá delante de la tele justo cuando empezaba el partido que iba a enfrentar a España y Uruguay. Pensaba ver cinco minutos y marcharme. esperaba una selección Uruguaya agresiva que se dedicara a entorpecer el juego de España y a una España en un quiero y no puedo: anhelando la ausencia de Xabi Alonso, intentando despegarse del calor y del cansancio físico de toda la temporada ante un torneo que, seamos sinceros, no da mucho prestigio.
Además, también esperaba otro patatal como en el que jugó Brasil contra Japón. Sin embargo nada de esto sucedió y anoche recodé por qué aún no digo que no cuando me preguntan si me gusta el fútbol.
España jugó ayer a otro deporte, a uno que no es capaz de jugar ningún equipo de este planeta pese a que sus jugadores entrenan juntos apenas unos pocos días al año. España, ayer sencillamente dio la lección más bella sobre un tapete verde que el que escribe ha visto en sus veinticinco años de historia. Sencillamente magistral, enrome y mágico.
Me recordó al Madrid de Redondo, al Barcelona de Guardiola, al Celta de Mostovoi y al Villareal de Riquelme. A esos equipos que sabían cambiar la velocidad de un partido cuando querían, que podían ser muy rápidos y muy lentos, que sabían a qué jugaban y cómo hacer la presión del rival inefectiva. Porque con todo el partido que hizo España ayer, en realidad estuvo en dos lances, en dos intentos de presión de los Uruguayos en los que experimentaron la indefensión de no poder alcanzar la pelota y sí más pronto al cansancio.
Ojalá lo pongan en las escuelas y los niños se enamoren de un deporte y aprendan que el fútbol es otra cosa que las tácticas modernas de parar el juego, atar al rival con faltas, sacar en largo y esperar los goles por los errores del rival. Por Dios, que vean lo bonito que es que el balón vaya de un pie a otro de manera lenta y que de pronto adquiera tal velocidad que los ojos apenas puedan seguirlo sin dejar de estar en los mismos pies. Que aprendan como destruir a un rival, con un pase de fuera a dentro, otro de dentro a fuera, una apertura, una vuelta al centro y un pase interior, todo eso a la velocidad del rayo. Que vean un ejemplo de la demarcación que quieran ocupar en el jugador que ayer la ocupó en el once de España: desde Casillas a Soldado. Porque un nueve puede ser un Killer pero también saber tratar el balón, porque uno de los grandes jugadores de la historia puede tener físico para hacer magia y ennoblecer la presión de su equipo. Porque existe la sutilidad, la calidad, la imaginación, la pausa, la velocidad y el desborde. Porque eso es fútbol y es un deporte al que ya no juega nadie, salvo España ayer. Porque es esto justo lo que trato de explicarles a las personas con las que he conversado alguna vez de fútbol cuando les hablo de mi tedio por el fútbol actual y ayer la realidad ejemplificó esta diferencia.
No me resisto a terminar este post hablando de Iniesta y Xavi, por ser la insignia de este equipo, por ejemplificar y extender sin saberlo sobre el campo aquello en lo que creo y me emociona, aquello que entiendo y admiro, aquello por lo que pagaría una entrada y le diría a alguien que me gusta el fútbol, tanto o más que cuando era pequeño. Pero eso si, este fútbol y no una imitación barata y vulgar.

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